Bolivia comienza a experimentar temperaturas inusualmente elevadas y condiciones de sequía en distintas regiones, un escenario que especialistas vinculan con la evolución del fenómeno de El Niño. La situación podría intensificarse entre octubre y diciembre, por lo que recomiendan reforzar desde ahora las medidas de prevención y gestión del agua.
Bolivia, 12 de agosto de 2026 .— Bolivia empieza a sentir los primeros efectos asociados a la evolución de El Niño, con registros de temperaturas elevadas y problemas de sequía que ya afectan a diferentes municipios. Especialistas advierten que las condiciones podrían agravarse durante los últimos meses del año, especialmente entre octubre y diciembre.
El fenómeno climático también está generando condiciones extremas en distintas partes del mundo, donde se reportan olas de calor, inundaciones y periodos prolongados de déficit de lluvias. En Bolivia, sus posibles efectos comienzan a reflejarse principalmente en la disponibilidad de agua y el comportamiento de las temperaturas.
“Actualmente, en varios municipios de Chuquisaca y Potosí están ya con varios problemas de sequía bastante fuerte”, explicó el experto Julio Rojas, al evaluar el panorama climático nacional.
De acuerdo con su análisis, regiones del Altiplano y de la Amazonía boliviana podrían enfrentar episodios de sequía extrema si las condiciones previstas se consolidan. El impacto podría alcanzar tanto a las actividades productivas como al abastecimiento de agua para las poblaciones afectadas.
Uno de los registros que refleja la persistencia de temperaturas elevadas se produjo en Cobija, donde el termómetro llegó a los 36 grados, con una sensación térmica cercana a los 40 grados, pese a que Bolivia todavía atraviesa la temporada de invierno.
Los especialistas consideran que el periodo más complejo podría llegar entre octubre y diciembre, cuando se prevé una mayor incidencia de las altas temperaturas y una posible intensificación de las condiciones secas en determinadas zonas del país.
Ante este escenario, las autoridades y la población pueden reducir los riesgos mediante el uso responsable del agua, la protección de fuentes de abastecimiento, la planificación de reservas para periodos secos y el seguimiento permanente de los pronósticos meteorológicos.
En las zonas rurales, también resulta clave anticipar medidas para proteger cultivos y ganado frente a una eventual escasez de agua.La evolución del fenómeno dependerá de las condiciones atmosféricas y oceánicas de los próximos meses.
